UN DÍA PRODUCTIVO

Hoy ha sido otro día más en la gran ciudad. Justo hoy todo ha ido muy bien. Hay días en los que todo parece fluir con facilidad, y uno no parece que ande sobre la calzada, sino que directamente vuela. Una comida agradable y fructífera, palabras bien dichas, expresiones bien escuchadas, observaciones que se tienen en cuenta y puntos de vista compartidos. Hay días en los que vivir es tan maravilloso que emociona.

Y es que hay momentos en los que todo parece andar como miel sobre hojuelas. Mentes que piensan al unísono, prestar atención a todo porque todo es fundamental, focalizarse en lo positivo dándose cuenta de todo lo bello, agradable y digno de ser tenido en cuenta que nos rodea. Uno se percata de detalles que antes ni se había fijado que estaban ahí, y se da cuenta de la función que tiene cada pequeño detalle, cada gesto, cada persona, cada situación y circunstancia recóndita de la que quizá uno antes no se había percatado.

La cuestión es que uno no puede esperar que ese día sean todos los días. Pero todos los días deben ser ese día. Es cierto, que a veces la vida parece no darle a uno la oportunidad de levantarse y seguir caminando con un mínimo de seguridad y dignidad personal, pero también hay un secreto para eso. Simplemente, que hay que hacerlo.

Hay que continuar participando en la vida como si todas las horas pertenecieran a esa estupenda jornada que tantos sueños, vivencias e ilusiones nos hizo vivir. Hay que seguir prestando atención a los minuciosos detalles por si en alguno estuviera el secreto de esa jornada en la que no acaba de encajar nada, o casi nada. Hay que continuar haciendo que prescriba la pena, la tristeza o el vacío por aquello que la vida nos arrebató. Y cuando las circunstancias que nunca perdonan a nadie hacen su aparición, ha de rendirse uno con gracia, sin estridencias, sin inarmonía.

Porque la belleza y el equilibrio en realidad no se acaban con un mal día, o con una dosis de realidad. No se acaban cuando la vida es la vida. Pero sí se acaban cuando uno empieza a cambiar por dentro. Cuando uno se encierra y deja de buscar y de buscarse. Cuando uno se enroca en posiciones imposibles. Cuando uno deja de comprender y de comprenderse. Cuando uno deja de sentir y de sentirse.

Por eso todos los días pueden ser productivos. No hace falta escalar una alta montaña si no te ves con fuerzas, o finalizar tu maravilloso proyecto, o seguir cultivándote o tratando de alcanzar esa mejora que quieres . Pero hay que seguir dándolo todo. Porque todos los días son productivos. Y ese pequeño paso que con tanto esfuerzo estás dando hoy, puede ser el paso de gigante que te lleve a lo mejor el día de mañana.


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