LA PRÓXIMA VEZ QUE AMES, AMA

Todos somos una esencia individual e intransferible con sus propias emociones y forma de vivir cuanto nos acontece. Todo lo externo es susceptible de invadirnos, de llenarnos, afectarnos, energizarnos o agotarnos. Y es que aunque sigamos siendo la misma persona, nunca somos lo mismo. Y aunque sigamos arriesgándonos a amar, en realidad somos imbatibles.

Aire es quien se es por dentro, así que no hay nada que pueda limitar el propio interior que siempre transcurre libre. Y sin embargo, siempre hay quien se convence de que puede transformar lo que sea del otro, en lo que sea que quiera o le convenga a él o ella. La palabra para llamar a esto es fruslerías. No es posible. Alguien exige, alguien cede. Alguien pide, alguien da. Alguien se queja, alguien recibe esa contaminación .Alguien está amando. Alguien no.

Así que el amor pide a los cuatro vientos que la próxima vez que alguien se acerque para amar, simplemente, haga eso. Amar. El amor no es un negocio, ni un interés, ni una conveniencia. Ni tampoco un sueño, ni una pretensión, ni una subordinación. El amor es solo amor. Y como es solo amor, es grandemente, majestuosamente solo eso, amor.

No hay nada más. Si es amor, es sólo amor. Si no, no es amor. Mientras espero a que venga mi amiga para tomar juntas un té en esta ciudad, he recordado las veces que he visto pasar por encima de mí cuchillos de punta entre las personas que me rodeaban. Y me he preguntado todas esas veces si era necesario llegar tan lejos. Y la respuesta siempre ha sido que no.

Siempre es posible esperar un poco más. Tener algo más de paciencia. No responder a la defensiva si uno se siente atacado. Mostrar comprensión hacia la situación del otro. No contestar de forma brusca aunque uno está cansado. Y sobre todo, no iniciar nunca una guerra contra nadie, y contra nada. En las guerras sólo hay perdedores. Incluso aunque uno esté seguro – e incluso sea un hecho constatado-de que no le están tratando como se merece.

Hay muchas cosas de las que es capaz el amor, sobre todo de hacer que todo salga siempre excelentemente bien. Tiene su forma intrincada y no pocas veces desconcertante de actuar, pero siempre lo consigue. Siempre acaba siendo el ganador. Un ganador que no podrá ayudarte si lo dejas a un lado y lo sustituyes por cualquier otra cosa.

Y cuando uno de verdad practica eso de saber amar, sabe reconocer sin ningún género de dudas, lo que no es amor. Y también sabe cómo seguir su propia intuición y no enfrentarse, alejarse, y si es posible, no volver a acercarse allá donde no se le trató bien.

Así que por encima de todo y a pesar de todo, el amor diría que si no vas a simplemente amarme, no te acerques, no me busques, y no hace falta que vengas aquí. Tu no vas a conseguir nada, y yo no tengo ni un segundo que perder.


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