BALANCEAR LA VIDA

Los que tendemos a balancear la vida, siempre estamos desequilibrándonos, para lograr el equilibrio perfecto. Y al igual que hacían los antiguos comerciantes, uno va sopesando una cosa en un platillo y luego sopesa otra cosa en el otro, y al final, decide la opción que más parece ajustarse a las propias ideas, estrategias o intereses. La honestidad es la clave para avanzar sin dejar una mala huella pero aún con este principio, demasiadas veces el avance se torna muy cuesta arriba.

El equilibrio no sólo se puede buscar y lograr – o no- en el propio interior, sino que uno acaba gustando y buscando el equilibrio también en cualquier cosa de fuera. Así, un paisaje armónico, una comida de sabores mezclados en su justa medida, fachadas de edificios proporcionadas, estancias ordenadas, o un aspecto externo agradable.

En base a lo anterior, hay lugares, circunstancias y personas que generan una vibración armónica que resulta tremendamente atractiva. Y a uno le apetece acercarse para compartir esa cualidad del equilibrio. Porque hay belleza en muchas cosas, pero también y sobre todo, en algo que ha sabido, al fin, balancearse.

Dadas las dificultades que hay para sopesar una balanza, sobre todo quienes deben estar sopesando todo el tiempo, tiene mucho más mérito presentarse balanceados en sociedad. Hay que reconocérselo. Hay que reconocérmelo. Mis cambios son antológicos y mi capacidad para flotar como una pluma entre conflictos y enemigos declarados- incluso cuando se me quiere meter directamente en el conflicto a mí-, mientras todo el mundo corre a posicionarse como locos, también.

Entiendo que todo el mundo se aburra cuando finalmente nunca me posiciono y no doy juego en las guerras porque estoy demasiado ocupada con mi juego interno de cambios. Y si alguna vez me decido por algún bando, es por pura obligación. Y nunca es plato de buen gusto para mí y en cuanto puedo, doy la razón al otro bando, sobre todo si creo que la tiene.

No hay nada peor para alguien que se pasa la vida equilibrando su propia balanza que el que a uno le obliguen a optar siempre por una opción. La misma opción, una y otra vez. Es imposible. Al fin y al cabo, los expertos en equilibrarnos a veces no nos podemos posicionar ni siquiera de nuestro propio lado. Cómo nos vamos a posicionar siempre con alguien de fuera.

Hacer cambios rápidos no es una pose, o un cambio real, sino más bien un juego de pensamientos que cumple la misión crucial de dejarnos sopesar con calma una idea, y luego otra, y luego otra, y así hasta llegar a una solución. Y sí, nos encanta que sea una solución que le venga bien a todo el mundo, en donde nadie se quede desencantado o fuera de la dinámica y en la que todos disfruten y lo pasen bien. Y sí, hacer todo esto a diario, a cada instante, es agotador.

Pero es un reto para mí buscar el equilibrio porque siempre estoy tratando de enderezarlo todo para que quede estético, proporcionado y armónico. Y así pueda consumirlo y disfrutarlo porque de lo contrario me es imposible.

En el orden de salir de mi zona de seguridad que es precisamente arreglar todo lo feo, todo lo roto y todo lo que no sirve, estoy aprendiendo a apreciar la belleza de lo singular, de aquello que no está cerrado y de lo que no hace lo que yo quiero que haga.

“La gente es tan solo aburrida o encantadora. No buena o mala”. Oscar Wilde


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