AL FIN TE ENCONTRÉ, NOCHEBUENA

A veces no todo es lo que parece, o quizá lo que sucede es que todo cuanto parece casi nunca es. En cualquier caso, conviene no seguir al pie de la letra los dictados de lo que hay que hacer – o no- en cada momento. Siempre y cuando esté dentro de lo que dictan las leyes, creo que cada cual es libre de diseñar su propio camino. Pero por qué, aunque haya esas diferentes circunstancias, permanecer apartado al regocijo de la Nochebuena.

Las Navidades, y sobre todo, la Nochebuena, son momentos con respecto a los cuales uno ha sido enseñado para pasarlos de una determinada forma. Así, rodeados de familiares y de amigos cercanos, y cumpliendo con una cierta etiqueta en cuanto a la forma de vestir, de estar y de cenar esa noche. Y todos estos actos están muy bien porque le hacen sentir a uno formando parte de algo mucho mejor, más grande, más trascendente que la propia vida.

Lo que sucede es que no todas las Nochebuenas son iguales. Como tampoco lo son las personas y las circunstancias que a uno le va tocando vivir. Y sucede también que a veces la vida se muestra tan implacable, que uno no quiere tomarlo como algo personal, pero no puede por menos que tambalearse, aunque sea ligeramente. Dicen que es mejor un buen tambaleo que un estar ahí, en pie, viéndolas venir, pero no deja la vida de afectar. No deja la vida de afectarnos.

Y en ese ir y venir de cosas, personas y circunstancias, uno no sabe cómo va a estar de preparado para la Nochebuena de turno, así, que me pregunto qué habría de malo en estar simplemente preparado.

Cuando la vida da esos giros, en los cuales, uno sabe que o se da la vuelta totalmente, o se tiene el riesgo de no encajar el envite, es cuando se da uno cuenta del verdadero significado de esa noche. Con permiso del lector o lectora, voy a añadir una pincelada de mi experiencia personal.

Después de mi año particular de giros acrobáticos, el cual casi no cuento, luego llegó la Nochebuena. Tan estupenda ella. Vaya. Yo honestamente pensaba que ese año igual ni había Nochebuena, pero en fin, resulta que no falla ningún año. Ahora bien, la que no estaba era yo. Ni estaba, ni me encontraba, ni me apetecía cumplir con nada ni con nadie. Pero era Nochebuena. Y yo quería celebrarla. Había que inventarse algo.

Así que al final me escapé. Pero sin escaparme. Llamé a una amiga de fuera de mi ciudad y creamos nuestra propia Nochebuena. Había pocos amigos, pero fluyó la energía, y no había familiares, pero la verdad, honestamente y con todo respeto, en algunos momentos, menos mal.

Fue una noche compartida sencilla e ilusionante. No todo el mundo era igual, pero fuimos todos iguales. Y desde entonces no he vuelto a repetir esa misma forma pasar esta noche, pero desde entonces siempre tengo la misma sensación. La sensación de que esa noche no son un montón de obligaciones, y etiquetas sociales, sino más bien la celebración de un sentimiento. El sentimiento de un amor humilde y desinteresado. Al fin te encontré, Nochebuena.

Te animo a que escribas tu opinión sobre qué significan para ti las fiestas venideras, o si no significan nada. Asimismo, recordarte que no estás solo o sola, sea lo que sea, siempre habrá alguien en algún punto del planeta que le ocurra lo mismo que a ti. Date la oportunidad de conocer a esas personas y recuerda que el verdadero significado de todo siempre está dentro de ti.

Felices Fiestas!


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